Las memorias, como género literario, destilan un encanto difícil de resistir, siempre que imperen en ellas el talento y el buen juicio, porque cuando en su lugar se instalan la vanidad y el aliento frívolo, ni siquiera un buen amanuense logra conjurar el apabullante peso de su intrascendencia.

Generoso y sensible, Ilia Ehrenburg (1891-1967) legó el testimonio de su vida y de su tiempo a una humanidad plagada de antipatías ideológicas que impiden reconocer el valor y la ejemplaridad de un puñado de recuerdos. En Gente, años, vida, obra de este autor bolchevique de estirpe judía, se dejan ver el humor y la ternura, el sentido estético y la conciencia social. Sin deponer la combatividad que desde su juventud lo caracterizó, al realizar un balance del conjunto de sus experiencias obtuvo de ellas enseñanzas perdurables.

Entre las formas en las que el hecho escénico puede llegar a nosotros, el teatro popular ocupa un lugar significativo en la construcción de identidades colectivas y en la recuperación de contenidos históricos que han quedado relegados en los reacomodos de las luchas por el poder.

El pasado que cifra lecciones vitales y el presente poblado de quebrantos coexisten en el libro Kaanbal y otras narraciones, de Arnaldo Ávila Montalvo. Consta de dos partes: la primera contiene el cuento denominado Kaanbal, de gran extensión, comparado con los de la segunda, todos merecedores de especial atención.

Es sumamente satisfactorio que Justo Sierra O’Reilly, relevante figura de la literatura yucateca del siglo XIX, haya dado origen a cuidadosos y reveladores estudios sobre su vida, su obra y la atmósfera cultural que las envolvió. Así lo demuestran los trabajos de investigación de distinguidos académicos, entre los que es preciso mencionar a Manuel Sol, Arturo Taracena, Terry Rugeley, John F. Chuchiak, Romina España y Carlos J. Sierra.

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