Esta semana les ofrezco una visión panorámica de la batalla por la presidencia. La revisión de las tres principales fuerzas aclara las alternativas a disposición de la ciudadanía que busca opciones.

                       Enrique Peña Nieto es el más transparente en intenciones y estrategia. Su propósito, obvio, es entregar la banda presidencial a quien señale con su dedo índice. Lograrlo sería su reivindicación mayor porque demostraría que la vieja fórmula sigue funcionando. Apoya su convencimiento en varios pilares.

             El primero es la obediencia de los suyos a quienes compensa y recompensa cubriéndolos con el manto de la impunidad. También sabe cómo utilizar la fórmula ensayada en la elección para gobernador del Estado de México: utilizar los recursos del Estado para inducir el voto del pobre. Puede hacerlo porque el Instituto Nacional Electoral está debilitado, dividido y en los momentos cruciales opera a favor del tricolor. En la retaguardia espera un Tribunal Electoral también dispuesto a complacer al señor.

                       El Frente Ciudadano por México (integrado por PAN, PRD y Movimiento Ciudadano) ha sido una grata sorpresa porque en su corta vida ha sido capaz de frenar, por ahora al menos, la intención de Peña Nieto de hacerse de un seguro de impunidad nombrando un fiscal a modo. Su futuro es, sin embargo, incierto. El tránsito de frente político a coalición electoral será muy difícil porque le falta la aduana más exigente: seleccionar al que será su candidato a la presidencia.

             El PAN considera que esa posición le corresponde por la intención de voto que muestran las encuestas, pero es un partido fracturado entre las fuerzas de Ricardo Anaya, Rafael Moreno Valle y Margarita Zavala. La salida más obvia sería entregar la candidatura a un personaje sin partido. Lo lógico resulta imposible porque el Frente está hecho por partidos y éstos son alérgicos a todo aquello que huela a autonomía o independencia.

                       El caso más difícil de analizar es el del puntero en las encuestas de intención de voto. Andrés Manuel López Obrador vive en la contradicción creada por la fe ciega en sí mismo y la inseguridad institucional de Morena. Ha sido notable y heroica la determinación y perseverancia con la cual López Obrador ha construido esa mezcla de movimiento social, partido tradicional, tribus corporativizadas y ONG. Morena es una entidad que se define sólo por su fundador y líder y que todavía no logra fundir en la institución el carisma del tabasqueño. Una presión adicional es que debe procesar el arribo en masa de los oportunistas de siempre que lo están convirtiendo en el basurero de la transición. Esa estrategia, pensada para reducir el riesgo de una tercera derrota, es altamente riesgosa. En el corto plazo podría garantizarle los votos, en el mediano pone en riesgo las indispensables reformas.

                       Es lo que hay. Ninguna opción satisface del todo pero hay diferencias entre ellos. El PRI representa un estilo gastado por la ineficiencia y la corrupción. El Frente es una promesa que difícilmente cuajará en una realidad. Morena es una entidad gelatinosa sólo entendible por su líder máximo lo cual, es evidente, tiene consecuencias positivas y negativas. La elección presidencial estará acotada a dos y a lo mejor a tres grandes fuerzas porque en el mejor de los casos las candidaturas independientes son embriones del futuro.

             Sin embargo, es un momento propicio para desechar de una buena vez la creencia de que la solución a los grandes problemas nacionales depende de una sola persona o partido. La historia demuestra que las transformaciones duraderas requieren de un tejido social que se forja en la defensa de derechos específicos y territorios concretos. Mientras observamos el forcejeo de las élites, hagamos patria involucrándonos en batallas inmediatas. Ninguna tarea es pequeña, la verdadera esperanza está en la organización ciudadana en torno a sus reivindicaciones.

 La miscelánea

La trágica muerte de Mara Castilla nos afecta tanto porque destruye la ilusión de seguridad que nos había dado la aparición de Cabify y Uber entre otras empresas de transporte público, más preocupadas, ahora lo vemos, en la ganancia rápida. Exijamos a las autoridades que impongan controles más estrictos a todas las compañías encargadas de darnos la seguridad perdida.

           

Twitter: @sergioaguayo

¿Preocupado por lo que pasa en México? ¿Insatisfecho con los partidos, con el INE y asociados y con la mayor parte de los candidatos? Armo diagnóstico y presento una  posible solución.

             Se fundamenta la frase común “todos los partidos son iguales”. A cada momento confirman su obsesión con los cargos y los presupuestos, sus limitaciones como gobernantes y funcionarios y su incapacidad para enfrentar a los poderes fácticos que nos explotan y aterrorizan. El saldo neto es un “pacto de impunidad” explícito o tácito que pone cerrojos en las puertas de entrada a la vida pública. Hay por supuesto excepciones. Entre otras, Javier Corral en el PAN, Enrique Alfaro y su corriente en Movimiento Ciudadano, Cuauhtémoc Cárdenas en el gobierno de la CDMX.

             MORENA es un caso especial. Ha tenido un crecimiento espectacular fundamentándolo en la honestidad personal y la tenacidad de Andrés Manuel López Obrador, quien muy probablemente sea el próximo presidente de México. El partido tiene dos fisuras estructurales. Las dificultades que tiene para transferir el carisma del líder a la institución (un problema nunca atendido o resuelto por el PRD y sus tribus) y la laxitud con la cual están aceptando cuadros políticos curtidos en los modos y costumbres del sistema; están convirtiéndose en el basurero de la transición fallida.

             ¿Qué pueden hacer quienes no se sienten representados en las opciones existentes? Tengo décadas estudiando el cambio en México y la evidencia reunida me permite asegurar que en las mejores transformaciones ha pesado la sociedad organizada a favor de causas y casos inspirados en el bien común. Lo inverso también es cierto: la ilegalidad y el crimen organizado han ido tejiendo su propio respaldo social. Por esta lectura de la realidad siempre he apoyado a las organizaciones sociales independientes. Aunque es la apuesta más segura para el mediano y largo plazo, son necesarias instancias organizativas que aglutinen y den coherencia a los dispersos y los diversos.

             México vive un presente muy difícil por causas que me parece innecesario enumerar. Tenemos que ensayar nuevas soluciones. Por ello, he decidido implicarme en la construcción de la Iniciativa Ahora. Comparto sus planteamientos centrales: enfrentar con métodos democráticos y pacíficos la impunidad y la corrupción, la desigualdad, la pobreza y la exclusión, la inseguridad y la violencia.

             Mi respaldo tiene historia. Coincidí con el núcleo dirigente de Ahora en Alianza Cívica, un movimiento ciudadano que tuvo un gran impacto en las elecciones presidenciales de 1994 (año de aparición del EZLN) y en las batallas por la transparencia y la rendición de cuentas. Desde entonces han seguido en la trinchera de las mejores causas ciudadanas y algunos de ellos ocuparon importantes cargos públicos; manejaron con probidad y eficiencia los recursos a su disposición. Su apego a métodos democráticos de toma de decisión viene por convicción y por lo aprendido en las ONGs.

             Hay bastante de quijotesco en Ahora. Con más entusiasmo que recursos están empeñados en combatir el pacto de impunidad abanderando causas concretas en lugares específicos. Se apoyan en candidaturas independientes a cargos de elección popular (la más conocida es la de Emilio Álvarez Icaza a la presidencia de la república, pero están construyéndose otras).  

 Uno de los retos más grandes para quienes participen en política mexicana son el cinismo y la corrupción característicos de la vida pública. Es el flanco más frágil de cualquier organización. Por ello, acepté presidir en Ahora el Comité de Ética que se encargará de establecer criterios generales y revisar y dictaminar los incidentes de corrupción. Por tratarse de una instancia independiente y honorífica estaré en libertad de seguir revisando y opinando con independencia de criterio sobre la vida pública y sus actores (entre los cuales está incluido Ahora).

             La Iniciativa Ahora puede naufragar en la inclemente y turbulenta política mexicana. Hay que apuntalarla porque es representativa de corrientes reales y legítimas de la sociedad mexicana. Tanto como la candidatura independiente de Marichuy (María de Jesús Patricio Martínez), respaldada por el Congreso Nacional Indígena y el EZLN. Son fuerzas y voces que se merecen un espacio en la vida nacional.

 

Twitter: @sergioaguayo

En julio de 2016 Humberto Moreira Valdés me demandó por el daño moral que le causaron tres frases de mi columna del 20 de enero de ese año. Para reparar el daño solicitó 10 millones de pesos. Hoy estuvimos tres horas en una audiencia celebrada en el Juzgado Décimo Sexto de lo Civil de la Ciudad de México. Comparto algunas reflexiones sobre el hecho, el litigio y los diálogos privados que sostuvimos durante ese tiempo.

 

  1. Refrendo la validez de lo que escribí sobre el profesor Moreira en la columna que motivó la demanda. Cuando escribí ese texto él estaba encarcelado en España y yo tenía, entre otros materiales, copia del documento que había utilizado la Audiencia Nacional. También había dialogado con fuentes confiables. Es decir, mis afirmaciones tenían sustento en ese momento y se apegaban a las exigencias de la ética periodística de hacer todo lo posible por establecer los hechos. Sin embargo, cuando el profesor fue exonerado por la justicia española se sintió agraviado por mis dichos y me demandó.

 

  1. El monto que exigió es desproporcionado en relación al presunto daño moral que pude haberle causado. Por eso y por otras razones, confirmé que la legalidad existente facilita que las demandas por daño moral se transformen en un instrumento punitivo que inhibe la libertad de expresión. No olvidemos que la justicia mexicana es cara, lenta e impredecible. Embarcarse en un litigo desgasta de múltiples formas.

 

  1. La justicia civil decidirá cuál de las partes tiene la razón. Durante el primer semestre de la demanda el Juez Décimo Quinto tomó decisiones que favorecían al profesor Moreira. Me inconformé y cambiaron al juzgador. El nuevo juez (Décimo Sexto) está teniendo un comportamiento escrupuloso y en la audiencia del día de hoy mostró una gran imparcialidad. Tengo esperanza que valorará las evidencias, los testimonios y las normas nacional e internacional sobre la materia.

 

Nos visita un importante funcionario internacional y nos recordará que tenemos compromisos humanitarios con los refugiados que cruzan México o nos toman como destino huyendo de la violencia del crimen organizado centroamericano.

                       Donald Trump nos critica por el déficit comercial, la migración y las drogas que les llegan de México. Enrique Peña Nieto le responde pidiendo “un enfoque integral” que incorpore las “armas y dinero en efectivo” que vienen de los Estados Unidos. La integralidad como marco de una renovada estrategia mexicana es un acierto de Peña Nieto. Ese es el camino. Sólo falta que el discurso se ponga en práctica. Veamos lo que sucede con la migración centroamericana.

             La política mexicana es rabona y contradictoria. Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, declaró que si los Estados Unidos nos trata bien en la renegociación del Tratado, México seguirá frenando la migración en la frontera sur; en caso contrario, dejaremos pasar a los migrantes. El comentario confirma que nuestra política migratoria está al servicio de la potencia y que Guajardo no entiende las interacciones del comercio con las dinámicas de la migración, los compromisos humanitarios y la seguridad.

                       El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) protege a quienes huyen de la violencia, la guerra y la persecución y su titular, Filippo Grandi, se encuentra en visita por algunos países de centroamérica y desde luego México, en donde el 23 de agosto, se cumple el séptimo aniversario de la ejecución por Los Zetas de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas. Fue una tragedia humanitaria que mostró cómo la migración es parte integral de la seguridad mexicana. Desde entonces ha ido creciendo la preocupación de ACNUR por un deterioro atenuado por la solidaridad de organismos civiles y eclesiásticos. Grandi es un recordatorio de que tuvimos una tradición de asilo y que ahora somos corredor y destino de quienes escapan de la violencia.

                       Nuestro gobierno enseña el cobre en este asunto. En septiembre de 2016 hubo una Cumbre sobre Refugiados y Migrantes organizada por Naciones Unidas a iniciativa de Barack Obama. Enrique Peña Nieto se lució con un discurso solidario. Dijo que 400 mil centroamericanos llegan a México cada año entre los cuales vienen miles huyendo de la “violencia generada por el crimen organizado”. Aseguró que su gobierno dice “no a la indiferencia” y que crecería el “apoyo económico”.

             Frases huecas. Comparemos los presupuestos de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, COMAR con los de ACNUR entre 2015 y 2017. La COMAR tuvo en el primer año 25.9 mdp y 25.4 en el segundo; ACNUR 73 y 319 mdp, respectivamente. El gobierno mexicano contradice la palabra presidencial y deja la carga en un organismo internacional y en la sociedad civil. 

             Una de las causas de esta actitud es que la migración está disociada de la estrategia de seguridad. Negación absurda porque la explotación de los migrantes ha empoderado a los carteles. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito estima que en 2015 se gastaron seis mil millones de dólares en el contrabando de personas de México a los Estados Unidos. Desconocemos cuánto de esa fortuna son ganancias para los carteles –y cuánto de eso va a los funcionarios corruptos que los protegen– pero según la consultora Stratfor es el tercer rubro de ingresos de Los Zetas después del tráfico de drogas y armas.  

             Si México tuviera una estrategia integral, su prioridad sería debilitar financieramente a los carteles (eso hicieron con notable éxito Gran Bretaña y los Estados Unidos en la ofensiva contra Al Qaeda posterior al 11 de septiembre de 2001). Entonces, por razones de seguridad el gobierno mexicano debería proteger a los migrantes y refugiados. Reduciendo los ingresos de los criminales se reduce su peligrosidad.

             Vivimos tiempos difíciles y entiendo la renuencia del gobierno mexicano y de una parte de la sociedad a invertir dinero en atender adecuadamente a quienes llegan huyendo. En este caso, el corresponder al esfuerzo que está haciendo ACNUR sería una inversión en seguridad que mejoraría la deteriorada imagen de la diplomacia mexicana. Tratar con respeto a los centroamericanos como parte de una estrategia integral, refrenda los compromisos humanitarios y es beneficioso para la seguridad nacional.

 Agradezco las sugerencias de la maestra Marcela Valdivia Correa.

 

Twitter: @sergioaguayo

Colaboró Zyanya Valeria Hernández Almaguer.

 

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